De las distracciones a los pomodoros y la muerte



No podía empezar este artículo. Cada dos minutos recordaba algo que había dejado pendiente en otro sitio u otra ventana de la computadora y todas esas cosas siempre eran más importantes. Mi mente no podía calmarse y esto me pasa siempre que debo concentrarme en algo por unas cuantas horas continuas. ¿Alguna vez te ha sucedido algo similar? ¿Has necesitado de toda tu concentración para terminar o iniciar algo pendiente y tu mente se pone en huelga? Intenté levantarme más temprano, apagar el celular, no abrir las páginas que me distraen, poner música, trabajar en casa, organizar mi escritorio, pero nada me servía. En mi búsqueda por internet algunas técnicas de concentración y encontré algunas interesantes, como la técnica de pomodoro, que consiste en poner un temporizador con 25 minutos en los cuales tendrás que dedicarte a la tarea que has decidido sin interrumpirla, no podrás abrir otras páginas o combinar esta tarea con otras, tampoco puedes quedarte viendo en la ventana lo lindo que está el cielo y mucho menos responder o atender tu teléfono. Al término de esos 25 minutos, es decir, un pomodoro, deberás dejar 5 minutos para descansar y volver para activar otro pomodoro de 25. Puedes poner los pomodoros que tú quieras, en función de tu tarea asignada o del tiempo del que dispongas, lo importante es que dediques toda tu atención a los pomodoros una vez que estos inician.
¿Y luego qué sigue? La concentración de nuestra mente es algo que deberíamos dominar, finalmente somos los amos y señores de nosotros mismos, ¿no? ¿Por qué no podemos decidir estar concentrados sin otras técnicas más que la propia decisión? ¿Has identificado qué te distrae? Aparentemente las distracciones son siempre externas, pero me he dado cuenta con este artículo, que el cliché de que las distracciones son internas tiene algo de razón. Pero más allá de que solo sepamos que las distracciones provienen de ruidos internos de nuestra mente,  me di cuenta de que la razón más importante es porque no sabemos hacia dónde queremos llevar las tareas que nos hemos propuesto. Me siento frente a la computadora y no sé bien qué quiero escribir o hacer, a pesar de que tengo claro que debo hacerlo. Me parece ahora que esta situación puede extrapolarse a nuestras vidas y entonces todo se ve más claro.
Todo empieza cuando tienes 15 años (5 más o 5 menos). Te das cuenta que deberás hacer algo con tu vida y para ello debes empezar ya. Para mí, eso fue en los años 80, cuando la realidad era otra. Hoy en día hay muchos más estímulos para preguntarse eso desde antes y muchos más para no dejarte hacer. La pregunta más importante entonces (y ahora) es ¿qué es lo que más me gusta hacer en la vida? Mi respuesta entonces (y ahora) es escribir, y heme aquí intentando concentrarme en un artículo que habla de la concentración. Hoy en día las cosas son distintas, pero la pregunta central debe seguir siéndolo. Cuando tienes la respuesta acerca de qué quieres hacer, cuál es el objetivo de tu vida o su razón de ser, aunque la respuesta parezca muy obvia, compleja, difícil o imposible hay que hacerla, poco a poco, mucho a mucho, depende de tu necesidad de satisfacerla o de satisfacerte a ti mismo, al final, uno solo se muere y ya.


Posponer nuestras tareas o razones de ser es casi lo mismo que aceptar que uno al final lo único que tiene seguro es dejar de existir. La procastinación significa dejar todo para el momento final y luego sentir angustia por ello. Dejar la existencia vacía, es decir, no hacer nada, es casi lo mismo que procastinarnos, intentando hacer todo aquello que pospusimos de nuestra vida. Pienso que si eso sucede, tampoco pasa nada, la muerte, así como la vida, son sucesos de los que somos conscientes y testigos, pero no por ello dejarán de existir, así es que la vida solo radica en usar tu tiempo consciente haciendo lo que te hace feliz y para ello, sí tenemos que concentrarnos.

Comentarios

  1. Me costó leerlo hasta el final, lo hice, mi mente me jala, quizá el miedo al fracaso, a la crítica, a que "de igual" como en otras escenas de mi vida. Los 80's pufff... Daba igual el esfuerzo y la dedicación, la creatividad era anulada, programarnos para repetir y no entender. ¿Será que nos da miedo el fracaso por creer que muchas veces 'da igual' para la mayoría? Igual, no pierdo nada con intentarlo una vez más o las que sean necesarias. 25 minutos suena bien. Como las series de ejercicios, de a poco a poco (va sumando).

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    1. Interesante comentario Sus. Creo que a veces sí nos da miedo el fracaso y eso nos impide seguir intentando...

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  2. Más que la descripción de una técnica de concentración, es definitivamente una reflexión al respecto de la distracción, la concentración y los objetivos.. me gustó mucho.. gracias por compartirlo..

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